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Francisco Cárdenas Corona

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Mejor conocido como Pancho, es un ejemplo de tenacidad y resiliencia. Trabajó en Telmex desde los 22 años, hasta su jubilación. Siempre soñó con tener un negocio, se jubiló a los 52 años de Chihuahua regresó a Guadalajara y a su tierra natal San Gabriel, Jalisco, se volvió ganadero y agricultor, en las tierras que le heredó su padre. Acostumbrado a ser líder en el trabajo formó un grupo para apoyar a los campesinos, se quejaron del precio del maíz, y de los acaparadores que pagan precios por abajo del costo.

Pancho es el más pequeño de la familia quedó huérfano su madre, Eladia falleció de peritonitis cuando era un bebé, las tías, hermanas de su padre: Hermila, Escolástica y Leandra se convirtieron en las madres adoptivas de los hijos de su hermano Malaquías, su esposa. Pancho como todos le llaman es el más parecido físicamente a su padre, delgado, alto con ojos azules. Las tías, adelantadas a su época, Hermila la mayor, estudió para modista en Guadalajara en tiempos que era difícil desplazarse, el camino de Sayula a San Gabriel era una brecha de terracería, el autobús tardaba horas en ocasiones de descomponía en el trayecto, hoy en día de Sayula a San Gabriel en unos 45 minutos con el disfrute del paisaje, los pinos, los barrancos y el pueblo de Apango con sus cabañas y sus deliciosos duraznos y. Otra de las tías era curandera con herbolaria, las tías tan religiosas querían un sacerdote en la familia, enviaron al sobrino al seminario cuando estaba en cuarto de primaria, pero no le agradó la vida religiosa de manera que renunció y de Guadalajara cambió su residencia a Cd. Guzmán en donde estudió a para Contador Privado en la famosa escuela de los Lugo.

A los 16 años regresó a Guadalajara, trabajó unos años en un despacho, ya se sentía un adulto responsable de sus gastos, tan independiente que le dijo a su padre que ya no le mandara dinero, lo cuestione: pero ¿cómo se te ocurrió seguías estudiando y pagabas la casa de asistencia?: “Fue uno de mis primeros errores” me respondió sorprendido. Su hermano Luis vivía en San Felipe Baja California. En esa bahía que se hizo famosa por la vaquita marina, también lo apoyaba para sus estudios. En una ocasión le mandó regalar un carro, aquellos grandotes luego de usarlo un tiempo se lo regresó porque gastaba mucho en su mantenimiento. Siempre tan responsable en lugar de aprovechar como un junior aprendió a ganarse la vida.

A los 22 años entró a trabajar a Telmex, primero como empleado sindicalizado, deseoso de aprender provechó los cursos que ofrecían en la empresa, los enseñaban a pensar, y adquirió el habito por la lectura, el conocimiento le abrió otro panorama al grado de que los compañeros de trabajo que asistían a los cursos causaron envidia entre sus compañeros, les llamaban los intelectuales. Su siguiente meta fue la estudiar para Contador Público en la UDG donde acudía a la escuela nocturna.

Se casó con Ma. Esther una de sus compañeras de la empresa, pronto creció la familia, con la motivación de mejorar la vida familiar y darles a sus hijas: Lariza, Tania y Joanine una mejor vida y a su esposa, escaló en Telmex de sindicalizado a empleado de confianza, le ofrecieron de contador en Culiacán, aceptó de inmediato, viajaba a León, Aguas Calientes, en Zacatecas fue gerente por ocho años y posterior a Chihuahua. Recordarán, antes para tener un teléfono en casa era motivo de paciencia, en ocasiones esperaban meses, había pocas líneas. Su honestidad fue motivo de rechazo de sus compañeros, lo trataron de extorsionar para darles prioridad a las líneas telefónicas en algún fraccionamiento, pero nunca aceptó, de lo que no se arrepiente.

Hace unos años su salud estuvo delicada parecía que no resistiría, contaba con 70 años, el tumor como un cangrejo en las vértebras cervicales, el dolor era insoportable, su hija menor se casaría en tres días, hizo todo el esfuerzo por asistir, al día siguiente de la boda lo internaron para cirugía, en manos de un experto, el Dr. Riestra, el resultado fue asombroso, no le quedaron secuelas.

Preocupado por su pueblo en una ocasión platicamos que hacer para atraer turismo. Le sugerí: hay que inventar algo como el agua de Tlacote, un santo o una aparición, pero no fue necesario Juan Rulfo les hizo el milagro, famoso por sus libros, puso en los reflectores a Sayula y San Gabriel. Ahora falta que la secretaría de Turismo aproveche para atraer turistas interesados en conocer los lugares que Rulfo de manera tan descriptiva menciona en sus libros.

Cuando se jubiló de Chihuahua regresaron a su casa en Guadalajara, nos comparte: “Las hijas se casaron y pensé que mi vida sería, leer el periódico y ver la televisión, pronto me haría viejito. Regresé al pueblo, las tías esperaban un sacerdote, pero me casé, estudié y jubilado torné al oficio de mi padre, ganadero y campesino” y ahora empresario. A sus 80 años pudo realizar el sueño de tener un negocio, construyó un hotel en su pueblo tres años después está listo para recibir a los huéspedes en la “Posada de los Murmullos”.

No les voy a ocultar es mi tío, hermano de mi madre al que le tengo mucho cariño y admiración, no se me olvida cuando en las vacaciones que pasábamos en el pueblo, bueno, en la prehistoria todavía no había energía eléctrica pero los niños de antes nos divertíamos hasta con el temporal de lluvias; el pueblo se inundaba, parecía Venecia mientras el agua corría al río que se encontraba cerca del templo del Sr. De Amula. A falta de regaderas nos bañaban en una tina, ya peinados y con la ropa limpia expresaba: “Mira, no eres mala llanta, solo estabas mal inflada”

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