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¿Identidad Animal o Retroceso Humano? Mi Perspectiva sobre los “Therians”
Les confieso con toda honestidad que no quería tocar este tema. Tengo la teoría de que, entre más se habla de ciertas cosas, más se extienden; y es que, hoy en día, las modas se contagian con mucha más rapidez que los virus. Sin embargo, ante el auge de los llamados Therians, me parece fundamental poner los puntos sobre las íes desde una perspectiva clínica y evolutiva.
¿De qué estamos hablando exactamente?
El término Therian proviene del griego y se traduce literalmente como “hombre lobo”. Estamos hablando de personas que se identifican como animales, principalmente domésticos como perros o gatos, aunque he sabido de algunos que eligen ser víboras. En este fenómeno, que conocemos como teriantropía, la persona elige un “theriotipo” (el animal con el que se identifica) y comienza a adoptar sus comportamientos.
No es solo una idea; se apoyan en máscaras, se ponen colas y otros accesorios para imitar físicamente al animal. Aunque estos comportamientos se han visto de forma aislada hace años, TikTok se ha encargado de viralizarlo, convirtiéndolo en una especie de “cultura nativa del internet”.
¿Evolución o espectáculo?
Hace poco vi un programa de televisión que me resultó profundamente desagradable. Apareció un hombre con comportamiento de perro, con correa y un “amo” intentando dominarlo. Lo más impactante fue que, al encontrarse con otro individuo en la misma situación, comenzaron a pelearse como perros por el territorio.
Como profesional, me pregunto si es simple actuación o si realmente estas personas han perdido el sentido de la realidad. La evolución humana es un proceso gradual que nos tomó entre 5 y 7 millones de años, desde los primeros homínidos en África hasta los viajes espaciales y la alta tecnología actual. Resulta contradictorio que, tras tanto avance, estemos presenciando este retroceso voluntario.

El límite entre la moda y el trastorno: Un caso clínico
Para entender la gravedad que puede alcanzar el desapego de la identidad humana, recuerdo un caso clínico muy triste. Un paciente de unos tres años llegó a mi consulta tras vivir un proceso de abandono. Su madre lo dejó en un rancho a cargo de una abuela que no lo atendía.
El niño creció conviviendo casi exclusivamente con gallinas, vacas y perros. agarraba tierra con las manos para comerla. Durante la consulta, el pequeño se escondía asustado debajo de la silla y ladraba. En su caso, no era una moda; era una afectación profunda por falta de cuidado humano.
Mi consejo para los padres
A veces hay que abordar las cosas con un poco de humor, pero con mucha firmeza. Si su hijo insiste en que no es humano y no quiere ir a la escuela porque es un animal, denle el trato de perro: pónganle su casita y sus croquetas en el patio. Veamos cuántos días aguanta sin las comodidades de una casa humana.
Pero ya hablando con seriedad: si notan que sus hijos están fuera de la realidad e insisten en estos comportamientos de forma persistente, no lo ignoren. Este fenómeno puede esconder trastornos de personalidad que requieren atención terapéutica inmediata por parte de un profesional de la salud mental.
Gracias por leerme, ¡hasta la próxima!