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Los 7 saberes para la educación

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La educación que recibimos quienes hoy somos abuelos es muy diferente a la que reciben nuestros nietos. Mi madre platicaba que ellas mismas elaboraban sus cuadernos; es decir, los cosían con hilo y aguja, pues no había engrapadoras ni se vendían cuadernos como los conocemos actualmente. La educación primaria incluía apenas dos o tres años de estudio, suficientes para aprender a leer y escribir.

La educación formal avanzó rápidamente y hoy contamos con una gran variedad de carreras universitarias. El menú de opciones es tan amplio que muchos jóvenes no saben cuál elegir.

La educación del presente y del futuro genera incertidumbre. Niños y jóvenes están atrapados en la tecnología. Ya no se quejan de estar aburridos: los padres les prestan el celular o utilizan una tableta, y desde los dos o tres años saben mover imágenes con un dedo. La pregunta es si han ganado o perdido habilidades.

En las reuniones familiares e incluso durante los alimentos, muchos no observan ni disfrutan lo que llevan a la boca porque no apartan la vista de la pantalla. Se ha convertido en una adicción socialmente aceptada. Los padres muchas veces no perciben lo que se está perdiendo: el sentido común, la creatividad, la capacidad de socializar, la tolerancia a la frustración, la empatía, el diálogo y la reflexión.

También se ha reducido la importancia del deporte y del juego libre, espacios donde los niños aprenden a trabajar en equipo y donde incluso nace el liderazgo. Lo he observado en mi consultorio. Tengo bloques de construcción tipo Lego y, mientras dialogo con los padres, entrego el recipiente al pequeño. En pocos minutos se aburre y pide el celular.

Todo ha evolucionado de manera vertiginosa. Hoy contamos con la inteligencia artificial (IA). Muchos la consideran una maravilla; otros la observamos con preocupación. Esta tecnología tan avanzada desplazará numerosos empleos. Los escritores, por ejemplo, estamos inquietos: basta con proporcionar un tema para que la IA genere de inmediato un texto completo.

No es que la IA sea creadora en sentido estricto; trabaja a partir de información previamente publicada y disponible. Los jóvenes pueden realizar tareas escolares sin esforzarse en buscar información o desarrollar sus propias ideas. Además, representa un gasto adicional, sumado al servicio de internet, correo electrónico y otras plataformas digitales. No es casualidad que los propietarios de estas tecnologías se encuentren entre las personas más ricas del mundo.

Los 7 saberes de Edgar Morin

El sociólogo y filósofo francés Edgar Morin, autor de más de cuarenta libros, afirmó:

“Jamás hemos tenido tantos conocimientos múltiples sobre lo humano y sabemos menos qué es el ser humano.”

Recientemente falleció a los 104 años. Hasta sus últimos días permaneció atento al mundo y a los grandes retos humanos que alimentaron su pensamiento.

Como ocurre con muchos intelectuales, tuvo detractores; sin embargo, con el paso de los años, muchas de sus ideas fueron reconocidas y valoradas. Para quienes se preguntan si las personas mayores pueden enamorarse, Morin es un ejemplo: a los 79 años estaba tan enamorado como un adolescente.

Proveniente de una familia judía, formó parte de la resistencia contra el nazismo y fue crítico del estalinismo. Participó activamente en debates sobre globalización, tecnología, ciencia y ecología. Estudió Historia, Geografía y Derecho, y se desempeñó como investigador en importantes centros académicos de Francia.

Morin también señaló:

“A pesar de la multiplicidad de información y saberes sobre todos los temas, no comprendemos hacia dónde nos conduce el mundo.”

Y agregó:

“Lo que conocemos son fragmentos separados de un rompecabezas; nos cuesta ver que los elementos están asociados y no sabemos cómo vincularlos.”

Por ello, hizo un llamado ético a la cooperación, la fraternidad y la construcción de un mundo más humano y optimista.

Los siete saberes para la educación del futuro

1. Aprender a reconocer los errores y las limitaciones del conocimiento.

Comprender que el conocimiento humano es imperfecto y que debemos cuestionar nuestras certezas.

2. Los principios del conocimiento pertinente.

Conectar, contextualizar y articular los saberes para comprender la realidad de manera integral.

3. Enseñar la condición humana.

Comprender al ser humano en toda su complejidad: biológica, social, cultural y emocional.

4. Enseñar la identidad terrenal.

Tomar conciencia de que todos habitamos un mismo planeta y enfrentamos desafíos comunes.

5. Enfrentar las incertidumbres.

Educar para navegar lo inesperado y lo incierto. La pandemia nos mostró una realidad que nadie había contemplado: el dolor por la pérdida de seres queridos, los hospitales saturados, las despedidas imposibles, la educación y el trabajo a distancia. Muchas familias perdieron sus negocios. Por ello, es fundamental enseñar resiliencia, encontrar sentido al dolor y evitar quedarse atrapados en el sufrimiento.

6. Enseñar la comprensión.

Fomentar la empatía, la escucha, la solidaridad y el respeto a las diferencias. Esto incluye la inclusión de las personas con discapacidad, el respeto a la diversidad cultural y la comprensión de quienes se ven obligados a migrar debido a la violencia o la guerra.

7. Cultivar la ética del género humano.

Formar ciudadanos responsables con su entorno, con la humanidad y con la ecología. La palabra ecología proviene de la idea de “eco-casa”: el planeta es nuestra casa común y debemos cuidarlo.

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