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Historia del Individuo 

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Historia del Individuo 

La oposición entre individuo y sociedad es un concepto superficial, mal definido, una etiqueta. El individualismo se presentó como un pecado, una enfermedad, al contrario de oriente que vive en el holismo, en medio de la jerarquía y el mutismo público, dónde la virtud reside en doblegar la individualidad. Los budistas, se despersonalizan y trabajan en el desapego para pertenecer. 

Existe una diversidad de formas de individualismo que corresponden a diferentes formas de sociabilidad. La historia de la filosofía, las ciencias y la literatura son la lucha de los individualismos que buscan imponerse. Se elige entre varias formas de individualismo: el fascismo, que solo permite el individualismo anónimo en la masa. En la cultura occidental produce cuatro representaciones del individuo: el sublimado, el emancipado, el egoísta, y el individuo anónimo en la masa. Estas manifestaciones aparecieron durante el renacimiento y la reforma luterana y siguen moldeando a la sociedad. 

La primera representación nació de las herejías y los movimientos puritanos, de esa manera lograron dominar la vida religiosa y el poder del dinero la clave de todas las potencias. Lograron inculcar disciplina, fidelidad a la comunidad, y mesura. El individuo aprende a sublimar las emociones, aleja las ceremonias de la magia, se vuelve racional en un mundo desencantado, renuncia a lo goces del arte, la conversación, las amistades, se hunde en su soledad interior y esa representación de la persona se llama santidad. Con la promesa de la vida eterna y no pasar por el infierno. 

La segunda representación surge en el renacimiento y se difunde a través de la revolución francesa. Las tradiciones desaparecen, las relaciones milenarias se rompen, la persona se destaca como fuerza autónoma. Spinoza y Hobbes le encuentran intereses particulares, pueden seguir su camino y liberarse de la autoridad colectiva, posee cualidades universales que ninguna sociedad debería limitar, es el fundamento del derecho del hombre, de la justicia y de la igualdad, pero resultó peligrosa porque representa la libertad, el hombre se emancipa y se vuelve crítico ya transformado en un ciudadano. Se reconoce este periodo en la obra de Kant en la filosofía del siglo de las luces y en la Declaración de los Derechos de Hombre y del Ciudadano.  

La tercera representación. Se formó con la economía de mercado, sus características son: la posesión, el intercambio, comprar y vender, por acelerar la circulación de los bienes (el dinero es redondo para que circule) y en descubrir nuevas mercancías para comerciar. Las relaciones son impersonales, los vínculos de familia o de amistad no deben interferir con las transacciones. La generosidad y el honor no tienen lugar, cada quién se define como un extraño. Las personas no son parientes, amigos, ni cristianos, son dinero. La interpretación racionalista del mundo se vuelve egoísmo y afirmación de la individualidad: quererse a si mismo requiere de una energía infinita. Seguimos en este modelo. 

La cuarta representación. Es la del individuo anónimo, el de las masas nebulosas. Todo el mundo es idéntico a todo el mundo y está unido a los otros por el denominador común. En la masa se pierde el sentido de las realidades particulares la voluntad del individuo emancipado que no conoce inhibiciones morales ni obedece al interés propio. Se diluyen las responsabilidades, se identifica con un jefe, a una fe, el individuo solo existe gracias a este parecido, a esta soledad, se diluye en lo efímero.  

En la época posmoderna esta representación, del individualismo, en el exceso de cada quién. Aparecieron las libertades civiles, políticas y religiosas. La declaración de los Derechos Humanos es individual aún contra su propia comunidad, apareció el derecho al voto y el divorcio, los individuos se fueron liberando de los compromisos religiosos familiares y étnicos, a esto se sumó el rencor social. El nazismo, el fascismo y el comunismo que condenaron la libertad. En la década de los años cincuenta entramos a la era del consumo. Aún antes de nacer somos doblemente deudores de las generaciones que heredamos y de los servicios sociales que aprovechamos, como asociados en una comunidad en donde las responsabilidades son mutuas y pagamos el despilfarro de los gobiernos corruptos e ineptos. 

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